jueves, 9 de febrero de 2017
Carta para mi hilo rojo
siempre digo que cierro ese capitulo,lo lloro, lo vivo y sigo la vida,pero con el tiempo y cuando menos lo espero vuelve, no solo para mi, hoy vi su cara y sus miradas de re ojo y vi como se quebraba lentamente como yo, fue doloroso ver a lo único que amas romperse en pedazos por tú presencia, y sentir como te volvías pequeña en un mundo de gigantes por la suya; han pasado tantos años, tantos y sigue todo aquí, como el primer día, siento que esta pasando o paso ayer y la verdad es que ya van casi 12 años...
por que su olor, su pelo, su cara, su cuerpo sigue siendo mi obsesión? por que podría perderme en ellos y morir segundos después, por que en realidad es lo único que necesito en la vida, no hay nada más perfecto y triste en este mundo que cuando el destino juega ese cruel de juntarnos.
tuvimos que acercarnos, conversar como si nada, pues en el evento de hoy eramos co-protagonistas, aunque lo evitamos, nuestros ojos se llenaron de lagrimas y a metros podía oír el latido de tú corazón y estoy segura que tú oías el mio, por que nadie más que nosotros conseguimos eso? por que me siento tan viva y muerta cuando te cruzas en mi vida? .
hablamos de la vida, del tiempo cuando nos conocimos sin tocar el detalle de que fuimos quien más hemos amado, de sueños cumplidos y metas nuevas...
la verdad en el fondo estoy orgullosa de ti, lograste cumplir tus promesas, no fuiste como yo...
recuerdo tus ojos cuando te dije que pronto partiría a vivir a otro país, y siento que se me rompe el alma, lo sabes y lo sé, me conoces, soy un espíritu inquieto pero te prometí hace años que siempre volvería, por que acá estas, acá existes, de aquí somos... no podría vivir para siempre en un lugar donde no estuvieras tú, donde no te sintiera cerca.
"no puedo más, no puedo así, si no me ayudas este sera el fin, mi corazón grita por ti, solo quiero saber si el tuyo grita por mi"
hermosa canción que me quita las ganas de olvidar lo que hoy vivimos.
cuando nos despedimos te dije al oído :" siempre cumpliré tú promesa" tomaste mi mano y sonreíste, me dijiste que lo sabias y esa mirada que nos dimos antes de darme vuelta y salir, fue lo que más me ha matado, esa mirada que no encontré en nadie ni nadie ha podido conseguir en mi....
he llorado mucho,no por que sienta lo de hace años, tengo claro mi presente y amo a mi mejor amigo con todas las fuerzas que puedo tener, me moviste el pasado no el presente y dolió, pero pasara y mi presente y el tuyo estarán acompañados por otras personas, solo que una parte de mi te amara toda la vida, hasta que muera o incluso más allá...
hasta la próxima felipe!
viernes, 21 de octubre de 2016
Cómo te saco de mi mente?
quizás esta generación además de ser "la que no queremos relaciones" somos "la masoquista".
nos acomoda más terminar y empezar algo nuevo u simplemente dejar de contestar, pero ¿ eso nos asegura un termino? volvemos con los ex (grave error, si las cosas terminan una vez ¿ por qué la segunda si debería funcionar? buscamos lo que ya conocemos simplemente).
nos acomoda lo viejo por que nos da terror empezar algo nuevo, y por empezar me refiero a tratar de mantener vanamente lo que podríamos llamar relación, algo para el resto, pero ¿ y nosotros?.
si llega alguien a movernos el piso, nos da miedo, cometemos errores, alejamos o huimos, al menos cobardemente asumo que ese es uno de mis defectos, pero es que le debo la vida a otra persona, siento injusto sentir o vivir emociones tan grande o fuertes para dejar del todo esa deuda,
conocí hace 3-4 años a alguien a quien solo vi una vez y fue técnicamente para comernos a besos, manteníamos conversaciones subidas de tono y nada mas, había "algo" pero no era suficiente para seguir ahí, 3-4 años después nos reencontramos pero esta vez ese "algo" para mi fue más fuerte, me deje llevar, y sin darme cuenta comencé a sentir cosas que hace muchos años no sentía,no era solo sexo, había algo en él que no me dejaba alejarme, pasaron los días y las conversaciones se volvían algo tiernas, incluso confiamos tanto que en más de una oportunidad nos aconsejamos y escuchamos, apoyamos sin darnos cuenta, pasábamos mucho abrazados, de la mano, besándonos o haciéndolo, comencé a hacer cosas que jamás había hecho por nadie (considerando que de igual forma mantuve relaciones de mucho tiempo e incluso años), le hice el desayuno, lo iba a buscar al trabajo, nos escribíamos a diario, tiritábamos al abrazarnos, los besos cambiaron, los gestos,las miradas, sin darme cuenta pensaba más en él que en todo lo que hacia en el día, y ahora es peor, por que hago millones de cosas más para no pensar porque "una mente ocupada no extraña a nadie" pero llega la noche o los ratos muertos que tenemos durante el día y mi cabeza se llena de él.
de la ultima vez que nos vimos, del ultimo beso, de la ultima vez que lo hicimos, de recordar su forma de dormir, de su voz e inteligencia, y eso me da vuelta el mundo, el estomago, el corazón y peor aún la cabeza..
mis amigos y amigas me dicen que no piense en él, que ya fue, y aunque en el fondo lo sé, no quiero aceptarlo, me quede pegada y es que fue tan bkn todo, me sentía libre y su libertad no me molestaba, a veces como ahora en tiempo muerto me baja la nostalgia con canciones mamonas que tengo pegadas y una fotografía que me deje de el, si no fuera tan cobarde correría a verlo, pero se fue, deje todo y se fue....
llego mi clavo ex.....
esto continuara, desahogo en proceso congelado....
sábado, 4 de junio de 2016
Somos la generación que no quiere relación
Queremos una segunda taza de café para las fotos que subimos a Instagram los domingos por la mañana, otro par de zapatos en nuestras fotos artísticas de pies. Queremos poner en Facebook que tenemos una relación para que todo el mundo pueda darle a "me gusta" y poner un comentario, queremos una publicación digna del hashtag #parejaperfecta. Queremos tener a alguien con quien ir de brunch los domingos, con quien quejarnos los lunes, con quien comer pizza los martes y que nos desee buenos días los miércoles. Queremos llevar acompañante a las bodas a las que nos inviten (¿Cómo lo habrán hecho? ¿Cómo habrán conseguido un felices para siempre?). Pero somos de la generación que no quiere relaciones.
Invertimos más tiempo en nuestros perfiles de Tinder que en nuestra personalidad. Y aun así no queremos tener una relación.Hablamos y escribimos mensajes de texto, mandamos fotos o vídeos por Snapchat y tenemos conversaciones subidas de tono. Salimos y aprovechamos la happy hour, vamos a tomar un café o a beber cerveza; cualquier cosa con tal de evitar tener una cita de verdad. Nos mandamos mensajes para quedar y mantener una charla insustancial de una hora solo para volver a casa y seguir manteniendo una charla insustancial mediante mensajes de texto. Al jugar mutuamente a juegos en los que nadie es el ganador, renunciamos a cualquier oportunidad de lograr una conexión real. Competimos por ser el más indiferente, el de la actitud más apática y el menos disponible emocionalmente. Y acabamos ganando en la categoría el que acabará solo.
Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos cogernos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un felices para siempre, pero no queremos esforzarnos aquí y ahora. Queremos tener relaciones profundas, pero sin ir muy en serio. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar.Queremos alguien que nos dé la mano, pero no queremos darle a alguien el poder para hacernos daño. Queremos oír frases cutres de ligoteo, pero no queremos que nos conquisten... porque eso implica que nos pueden dejar. Queremos que nos barran los pies, pero, al mismo tiempo, seguir siendo independientes y vivir con seguridad y a nuestro aire. Queremos seguir persiguiendo a la idea del amor, pero no queremos caer en ella.No queremos relaciones: queremos amigos con derecho a roce, "mantita y peli" y fotos sin ropa por Snapchat. Queremos todo aquello que nos haga vivir la ilusión de que tenemos una relación, pero sin tener una relación de verdad. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo, queremos todos los beneficios sin ningún coste. Queremos sentir que conectamos con alguien lo suficiente, pero no demasiado. Queremos comprometernos un poco, pero no al cien por cien. Nos lo tomamos con calma: vamos viendo a dónde van las cosas, no nos gusta poner etiquetas, simplemente salimos con alguien.Cuando parece que la cosa empieza a ir en serio, huimos. Nos escondemos. Nos vamos. Hay muchos peces en el mar. Siempre hay más oportunidades de encontrar el amor. Pero hay muy pocas de mantenerlo hoy en día...Esperamos encontrar la felicidad. Queremos descargarnos a la persona perfecta para nosotros como si fuera una aplicación nueva; que puede actualizarse cada vez que hay un fallo, guardarse fácilmente en una carpeta y borrarse cuando ya no se utiliza. No queremos abrirnos; o, lo que es peor, no queremos ayudar a nadie a abrirse. Queremos mantener lo feo tras una portada, esconder las imperfecciones bajo filtros de Instagram, ver otro episodio de una serie en vez de tener una conversación real. Nos gusta la idea de querer a alguien a pesar de sus defectos, pero seguimos sin dejarle ver la luz del día a nuestro auténtico yo.Sentimos que tenemos derecho al amor, igual que nos sentimos con derecho a un trabajo a jornada completa al salir de la universidad. Nuestra juventud repleta de trofeos nos ha enseñado que si queremos algo, merecemos tenerlo. Nuestra infancia rebosante de películas Disney nos ha enseñado que las almas gemelas, el amor verdadero y el felices para siempre existen para todos. Y por eso no nos esforzamos ni nos preguntamos por qué no ha aparecido el príncipe o la princesa azul. Nos cruzamos de brazos, enfadados porque no encontramos a nuestra media naranja. ¿Dónde está nuestro premio de consolación? Hemos participado, estamos aquí. ¿Dónde está la relación que merecemos? ¿Dónde está el amor verdadero que nos han prometido?Queremos a un suplente, no a una persona. Queremos un cuerpo, no una pareja. Queremos a alguien que se siente a nuestro lado en el sofá mientras navegamos sin rumbo fijo por las redes sociales y abrimos otra aplicación para distraernos de nuestras vidas. Queremos mantener el equilibrio: fingir que no tenemos sentimientos aunque seamos un libro abierto; queremos que nos necesiten, pero no queremos necesitar a nadie. Nos cruzamos de brazos y discutimos las reglas con nuestros amigos, pero ninguno conoce el juego al que estamos intentando jugar. Porque el problema de que nuestra generación no quiera relaciones es que, al final del día, sí que las queremos.
lunes, 9 de mayo de 2016
Un amor simple
Quiero un amor simple. Uno que no tenga ataduras, sin dramas, que no me esclavice. Quiero que seamos como dos gotas independientes que deciden encontrarse y continuar su camino juntas. Quiero un amor que desborde pasión por los poros, un amor sin restricciones, como si fuéramos dos adolescentes que apenas descubren sus sentimientos. Un amor que a veces me sepa a chocolate y otras a naranja, que tenga un sabor diferente cada día, un plan diferente cada día, que sea espontáneo, que me invite a salir de repente, aunque esté toda despeinada.
Un amor que no se apene, que nos permita irnos de borrachera un viernes por la noche y amanecer con resaca pero abrazados un sábado por la mañana. Y que el domingo, si no tenemos ganas de salir, quedarnos a ver nuestras series favoritas o jugando videojuegos todo el día, pedir pizza para comer y cenarnos apasionadamente el uno al otro en la noche.
Quiero un amor que no sea tóxico, un amor natural, que no esté contaminado con malicia, sino que tenga la sinceridad, la ingenuidad y la inocencia de un niño. Un amor sin miedo al qué dirán. Un amor simple, en el que lo importante sea estar juntos, no importa dónde, ni cuándo ni cómo. Un amor en el que ambos nos entreguemos sin reservas. Un amor que nos invite a salir a caminar de la mano, como dos eternos enamorados, que nos palpite el corazón al encontrarnos, que nos sude la mano todavía y nos apachurre el alma cuando nos digamos “hasta mañana” al despedirnos. Quiero, pues, un amor sincero y duradero.