Esta entrada es muy importante para mí. Y muy complicada. Hace poco tiempo que decidí enfrentar a uno de mis peores enemigos: mi ansiedad ante la muerte. Es algo que me persigue desde hace años pero que, últimamente, se ha recrudecido y que, por decisión personal y animada desde la conversación que tuve con un amigo que me contó la experiencia personal de su padre, decidí enfrentar de una vez por todas.
Me cuesta escribir esta entrada porque, aunque ya he hablado de temas personales en el blog, este me da reparo, es especialmente personal. Pero es importante que escriba la entrada porque en ella quiero resumir todas las ideas que trato de interiorizar día a día para recurrir a ellas cuando tenga recaídas y porque ojalá sirvan para ayudar a cualquier persona que sufra ansiedad ante la muerte.
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Todos somos conscientes en el fondo de que la muerte acecha pero intentamos pasar de puntillas a su lado y no acercarnos mucho. Mejor no pensar demasiado en ella. Y es que, como dice Irvin D. Yalom, catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Stanford, mirar a la muerte de cerca es como mirar al sol: no aguantamos mucho rato sin quemarnos.
La mayoría de la gente recuerda el primer momento en el que es consciente de que la muerte existe. Suele ocurrir cuando somos muy pequeños; con la muerte de algún abuelo, de alguna mascota… empezamos a plantearnos qué es lo que pasa. En mi caso fue la partida de mi prima, el 25 de enero de 1994 tuve un accidente que marco mi vida y el cual casi me mata; el 25 de febrero de 1994 mi prima dos años menor a mi es encontrada en una laguna ahogada luego de dos dias buscandola. Y, a pesar de mi horrible memoria, nunca he olvidado el olor a las flores que rodeaban su ataúd. Aún hoy de vez en cuando me viene ese olor y experimento una sensación extraña. Yo tenía 5 años.
Según muchos estudios, durante la adolescencia estamos demasiado ocupados buceando entre hormonas y el tema de la muerte suele desaparecer de nuestra mente hasta más o menos los 20 y algo.
Poco a poco fui experimentando cosas que no podia entender a medida que iba perdiendo gente, cuando tuve lo que ahora puedo reconocer como dos ataques de ansiedad. ¿Cuáles fueron los síntomas? Despertarme a las 3 de la mañana muchas noches empapada en sudor y con el corazón a mil por hora, agobiada ante la certeza de mi propio final, desarrollando incluso síntomas como náuseas, mareos o escalofríos. Pesadillas. Caras de monstruos. No sabía si estaba soñando o despierta. Miedo a irme a dormir por la noche. Incluso hasta llegar a tener la certeza de tener los días contados y sentir cómo absolutamente nada de lo que me rodeaba tenía sentido. ¿Por qué? ¿Para qué? Si al fin y al cabo, se va a terminar. ¿Alguien se reconoce?.
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Esta pregunta sonará estúpida. ¿No es obvio? Todos tememos a la muerte pero, ¿por qué afecta de peor forma a algunas personas? Puede haber mil motivos pero muchas veces se presenta alguna de estas situaciones:
Experiencia que nos haya acercado de forma especialmente traumática a la muerte (un familiar fallecido, una enfermedad grave, presenciar accidentes...etcétera). Personas muy controladoras que no pueden afrontar algo como la muerte, que no depende de ellos, que no pueden controlar y cuyo resultado, encima, es desconocido. Personas que no viven la vida que habían soñado y que siempre están esperando al futuro para cambiar lo que no les gusta de su vida. Cuando se dan cuenta de que no tienen tiempo para cambiar, no son capaces de asimilarlo. “Las elecciones excluyen”. Detrás de cada sí hay un no y eso es lo que paraliza muchas veces a la gente a la hora de tomar decisiones. Nos cuesta muchísimo asumir la renuncia como parte de nuestra existencia… renuncia en todo, relaciones sentimentales, en el trabajo… ¡cómo no nos va a costar asumir la renuncia a vivir!.
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¿Por dónde empezar? Esto también es bastante obvio, empecé por Google xDDD. Visité muchas páginas y en varias de ellas hablaban del libro “Mirar al sol” de Irvin D. Yalom. No es fácil de encontrar y, mientras me lo traían, lo intenté con otros como “El libro de la vida y la muerte” de Osho. Y no, lo siento, soy demasiado terrenal y poco espiritual para que frases como “La ilusión de la muerte es un fenómeno social. Ves morir a un hombre y te piensas que está muerto pero como tú no lo estás no tienes ningún derecho a pensar de esa manera” me ayuden en lo más mínimo. No lo he tirado no sé por qué.
El libro de Yalom es diferente, habla para gente de a pie, lo cual es de agradecer.En esta entrada trataré de resumir las principales ideas en las que me quiero centrar para sobrellevar el miedo a la muerte.
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Ahora mismo, la posibilidad que me resulta más probable es que, cuando muera, pase al mismo estado en el que estuve antes que nacer. En palabras de Nabokov “La cuna se mece sobre un abismo […] nuestra existencia no es más que una fugaz rendija de luz entre dos eternidades de oscuridad”. ¿Por qué será que nos preocupa tan poco la primera oscuridad y tememos tanto a la segunda?
Además, ¿por qué temer a la muerte si nos es imposible percibirla? No vamos a ser conscientes de nada, como cuando no habíamos nacido y nuestros padres vivían sin nosotros.
Evidentemente con esta idea sola no vamos a ningún lado pero es un comienzo que, a pesar de que es puro sentido común, a mí me tranquiliza.
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Esta es una de las ideas más poderosas para mí y la quiero introducir con cuatro historias.
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La muerte le anuncia a Everyman que ha llegado su fin pero él se rebela y le pide que lo posponga. La muerte le dice que buena suerte :-D y Everyman contesta que por lo menos le permita llevarse a algún amigo que le acompañe (muy bueno Everyman, muy considerado). La muerte sonríe y le dice que adelante, que si consigue encontrar a un amigo que esté dispuesto a acompañarle, que lo permitirá.
Everyman intenta entonces convencer a sus grandes amigos Bienes Terrenales, Belleza, Fuerza y Conocimiento pero éstos se niegan rotundamente. Sólo uno, “Buenas Obras”, accede y le acompaña en su último viaje.
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Un padre siempre invitaba a comer a sus hijos a un buen restaurante. Pasaban una agradable tarde en familia y, cuando se lo agradecían, él siempre contestaba que no se lo agradecieran a él si no a su abuelo, que siempre invitó a comer a sus hijos, decidiendo él continuar con la misma tradición.
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Hubo un tiempo donde salir de fiesta con mis amigos no pudia salir peor ya que el alcohol sacó lo peor que llevaba dentro. Una vez Terminé sentada en el borde de un paso de cebra de vitacura junto a un amigo y no especialmente el mejor, pero es curioso que ese día estuviera precisamente él, que había sufrido la muerte de su hermano mayor hacía años. No sé por qué pero en ese momento, de todo lo que se me pasaba por la cabeza, lo único que me salió contarle atropelladamente mientras lloraba, fue cómo cambiaria todo por ver una vez más a los que he perdido. él con una sonrisa en aquel momento solo me escuchaba, él había sufrido la muerte de su hermano y que sabía más de lo que yo creía, me dijo que en vez de entristecerme por esos recuerdos, yo hiciera una cosa que haya aprendido de cada uno “Así ellos viven en ti. Es una forma de mantenerlos vivo”.
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Una chica daba un discurso en el funeral de su madre y recordó una de sus frases favoritas: “Buscadla entre sus amigos”. Mirad entre sus amigos y reconoceréis sus gestos, sus enseñanzas, su historia, su vida y su huella. Ella vive entre sus amigos, buscadla ahí.
La conclusión de las cuatro historias es la misma. El dejar huella en la gente que tiene la oportunidad de conocerte es, en cierto modo, una forma de seguir con vida aún después de muerto. Sigues vivo a través de tus amigos, ya sea por lo que les has enseñado, por lo que les has aportado, por lo que han vivido contigo.
Nosotros (me incluyo) que buscamos refugio en la religión que, no nos engañemos, nos ayuda a creer que nuestra vida continuará después de morir, constituyendo un medio para no asumir el final, para evitar la renuncia … Nosotros tenemos delante de nuestras narices una manera de ser realmente eternos. Que nos busquen entre la gente que nos conoció.
Y nunca es tarde. El libro habla de enfermos terminales que deciden convertirse en un ejemplo de cómo morir con dignidad, que transmiten lecciones de vida a los demás y que dejan una huella imborrable.
.
¿En cuántos funerales no habéis deseado que la persona fallecida estuviera ahí para escuchar lo que pensaban los demás de ella? ¿Por qué esperar a la muerte para dar gracias? El libro plantea un ejercicio (que suele hacerse en grupos) que me pareció muy bonito y que practicaré.
Piensa en alguna persona viva por quien sientas una intensa gratitud que nunca expresaste. Dedica diez minutos a escribirle una carta de gratitud a esa persona; luego acércate a otro del grupo y leeros la carta el uno al otro. El paso final es hacerle una visita al destinatario en el futuro cercano y leerle la carta en voz alta.
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Lo que más me atemoriza (además de separarme de la gente que quiero) es el no haber vivido bien la vida o no haber vivido lo suficiente. Si esto está pasándote lo que no hay que hacer es obsesionarse con el arrepentimiento por el pasado si no mirar al futuro (por corto que sea) y pensar qué puedes hacer en tu vida para vivirla de verdad a partir de ahora.
Es decir, hay que aprovechar el enfrentamiento con la muerte para aprender a vivir: “La manera de valorar la vida, la manera de sentir compasión por los demás, la manera de amar cualquier cosa con más profundidad es ser consciente de que estas experiencias están destinadas a perecer”
Como decía Nietzsche: “Conviértete en quien eres. Consuma tu vida. Muere en el momento justo. Cumple contigo mismo, realza tu potencial, vive audaz y plenamente. Entonces, y sólo entonces, muere sin lamentarlo”.
Nunca es demasiado tarde. Nunca eres demasiado viejo.
Esto es todo por ahora. En esto he estado trabajando y seguiré haciéndolo. Es un proceso difícil y noto que enfrentar todo esto, pensar en ello, escribir, hablar sobre ello, me produce tensión y llevo unos días bastante nerviosa. Pero, por otro lado, gracias a estas ideas siento que, por primera vez, tengo algo a lo que aferrarme, algo en lo que centrarme para poder convivir con el miedo que sé que nunca desaparecerá del todo.
Si me dedico a vivir seguir viviendo como quiero vivir, sin miedos, sin arrepentimientos, tomando decisiones valientes y tratando de dejar una huella positiva en los que me rodean, moriré sin lamentarlo.
Sé que ha sido una entrada un poco negra pero me ha ayudado mucho ordenar mis ideas y, lo dicho, si por casualidad alguien que comparta mi problema pasa por aquí y le sirve de algo, seré muy muy feliz.
Mientras tanto ...
No dejaremos de explorar.
Y el fin de nuestra exploración
Será el de llegar al sitio desde donde partimos
Y conocer el lugar por primera vez.
T.S.Elliot.
Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia
por lo que la muerte nos hace pensar de la vida.
Me cuesta escribir esta entrada porque, aunque ya he hablado de temas personales en el blog, este me da reparo, es especialmente personal. Pero es importante que escriba la entrada porque en ella quiero resumir todas las ideas que trato de interiorizar día a día para recurrir a ellas cuando tenga recaídas y porque ojalá sirvan para ayudar a cualquier persona que sufra ansiedad ante la muerte.
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Todos somos conscientes en el fondo de que la muerte acecha pero intentamos pasar de puntillas a su lado y no acercarnos mucho. Mejor no pensar demasiado en ella. Y es que, como dice Irvin D. Yalom, catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Stanford, mirar a la muerte de cerca es como mirar al sol: no aguantamos mucho rato sin quemarnos.
La mayoría de la gente recuerda el primer momento en el que es consciente de que la muerte existe. Suele ocurrir cuando somos muy pequeños; con la muerte de algún abuelo, de alguna mascota… empezamos a plantearnos qué es lo que pasa. En mi caso fue la partida de mi prima, el 25 de enero de 1994 tuve un accidente que marco mi vida y el cual casi me mata; el 25 de febrero de 1994 mi prima dos años menor a mi es encontrada en una laguna ahogada luego de dos dias buscandola. Y, a pesar de mi horrible memoria, nunca he olvidado el olor a las flores que rodeaban su ataúd. Aún hoy de vez en cuando me viene ese olor y experimento una sensación extraña. Yo tenía 5 años.
Según muchos estudios, durante la adolescencia estamos demasiado ocupados buceando entre hormonas y el tema de la muerte suele desaparecer de nuestra mente hasta más o menos los 20 y algo.
Poco a poco fui experimentando cosas que no podia entender a medida que iba perdiendo gente, cuando tuve lo que ahora puedo reconocer como dos ataques de ansiedad. ¿Cuáles fueron los síntomas? Despertarme a las 3 de la mañana muchas noches empapada en sudor y con el corazón a mil por hora, agobiada ante la certeza de mi propio final, desarrollando incluso síntomas como náuseas, mareos o escalofríos. Pesadillas. Caras de monstruos. No sabía si estaba soñando o despierta. Miedo a irme a dormir por la noche. Incluso hasta llegar a tener la certeza de tener los días contados y sentir cómo absolutamente nada de lo que me rodeaba tenía sentido. ¿Por qué? ¿Para qué? Si al fin y al cabo, se va a terminar. ¿Alguien se reconoce?.
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Esta pregunta sonará estúpida. ¿No es obvio? Todos tememos a la muerte pero, ¿por qué afecta de peor forma a algunas personas? Puede haber mil motivos pero muchas veces se presenta alguna de estas situaciones:
Experiencia que nos haya acercado de forma especialmente traumática a la muerte (un familiar fallecido, una enfermedad grave, presenciar accidentes...etcétera). Personas muy controladoras que no pueden afrontar algo como la muerte, que no depende de ellos, que no pueden controlar y cuyo resultado, encima, es desconocido. Personas que no viven la vida que habían soñado y que siempre están esperando al futuro para cambiar lo que no les gusta de su vida. Cuando se dan cuenta de que no tienen tiempo para cambiar, no son capaces de asimilarlo. “Las elecciones excluyen”. Detrás de cada sí hay un no y eso es lo que paraliza muchas veces a la gente a la hora de tomar decisiones. Nos cuesta muchísimo asumir la renuncia como parte de nuestra existencia… renuncia en todo, relaciones sentimentales, en el trabajo… ¡cómo no nos va a costar asumir la renuncia a vivir!.
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¿Por dónde empezar? Esto también es bastante obvio, empecé por Google xDDD. Visité muchas páginas y en varias de ellas hablaban del libro “Mirar al sol” de Irvin D. Yalom. No es fácil de encontrar y, mientras me lo traían, lo intenté con otros como “El libro de la vida y la muerte” de Osho. Y no, lo siento, soy demasiado terrenal y poco espiritual para que frases como “La ilusión de la muerte es un fenómeno social. Ves morir a un hombre y te piensas que está muerto pero como tú no lo estás no tienes ningún derecho a pensar de esa manera” me ayuden en lo más mínimo. No lo he tirado no sé por qué.
El libro de Yalom es diferente, habla para gente de a pie, lo cual es de agradecer.En esta entrada trataré de resumir las principales ideas en las que me quiero centrar para sobrellevar el miedo a la muerte.
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Ahora mismo, la posibilidad que me resulta más probable es que, cuando muera, pase al mismo estado en el que estuve antes que nacer. En palabras de Nabokov “La cuna se mece sobre un abismo […] nuestra existencia no es más que una fugaz rendija de luz entre dos eternidades de oscuridad”. ¿Por qué será que nos preocupa tan poco la primera oscuridad y tememos tanto a la segunda?
Además, ¿por qué temer a la muerte si nos es imposible percibirla? No vamos a ser conscientes de nada, como cuando no habíamos nacido y nuestros padres vivían sin nosotros.
Evidentemente con esta idea sola no vamos a ningún lado pero es un comienzo que, a pesar de que es puro sentido común, a mí me tranquiliza.
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Esta es una de las ideas más poderosas para mí y la quiero introducir con cuatro historias.
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La muerte le anuncia a Everyman que ha llegado su fin pero él se rebela y le pide que lo posponga. La muerte le dice que buena suerte :-D y Everyman contesta que por lo menos le permita llevarse a algún amigo que le acompañe (muy bueno Everyman, muy considerado). La muerte sonríe y le dice que adelante, que si consigue encontrar a un amigo que esté dispuesto a acompañarle, que lo permitirá.
Everyman intenta entonces convencer a sus grandes amigos Bienes Terrenales, Belleza, Fuerza y Conocimiento pero éstos se niegan rotundamente. Sólo uno, “Buenas Obras”, accede y le acompaña en su último viaje.
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Un padre siempre invitaba a comer a sus hijos a un buen restaurante. Pasaban una agradable tarde en familia y, cuando se lo agradecían, él siempre contestaba que no se lo agradecieran a él si no a su abuelo, que siempre invitó a comer a sus hijos, decidiendo él continuar con la misma tradición.
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Hubo un tiempo donde salir de fiesta con mis amigos no pudia salir peor ya que el alcohol sacó lo peor que llevaba dentro. Una vez Terminé sentada en el borde de un paso de cebra de vitacura junto a un amigo y no especialmente el mejor, pero es curioso que ese día estuviera precisamente él, que había sufrido la muerte de su hermano mayor hacía años. No sé por qué pero en ese momento, de todo lo que se me pasaba por la cabeza, lo único que me salió contarle atropelladamente mientras lloraba, fue cómo cambiaria todo por ver una vez más a los que he perdido. él con una sonrisa en aquel momento solo me escuchaba, él había sufrido la muerte de su hermano y que sabía más de lo que yo creía, me dijo que en vez de entristecerme por esos recuerdos, yo hiciera una cosa que haya aprendido de cada uno “Así ellos viven en ti. Es una forma de mantenerlos vivo”.
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Una chica daba un discurso en el funeral de su madre y recordó una de sus frases favoritas: “Buscadla entre sus amigos”. Mirad entre sus amigos y reconoceréis sus gestos, sus enseñanzas, su historia, su vida y su huella. Ella vive entre sus amigos, buscadla ahí.
La conclusión de las cuatro historias es la misma. El dejar huella en la gente que tiene la oportunidad de conocerte es, en cierto modo, una forma de seguir con vida aún después de muerto. Sigues vivo a través de tus amigos, ya sea por lo que les has enseñado, por lo que les has aportado, por lo que han vivido contigo.
Nosotros (me incluyo) que buscamos refugio en la religión que, no nos engañemos, nos ayuda a creer que nuestra vida continuará después de morir, constituyendo un medio para no asumir el final, para evitar la renuncia … Nosotros tenemos delante de nuestras narices una manera de ser realmente eternos. Que nos busquen entre la gente que nos conoció.
Y nunca es tarde. El libro habla de enfermos terminales que deciden convertirse en un ejemplo de cómo morir con dignidad, que transmiten lecciones de vida a los demás y que dejan una huella imborrable.
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¿En cuántos funerales no habéis deseado que la persona fallecida estuviera ahí para escuchar lo que pensaban los demás de ella? ¿Por qué esperar a la muerte para dar gracias? El libro plantea un ejercicio (que suele hacerse en grupos) que me pareció muy bonito y que practicaré.
Piensa en alguna persona viva por quien sientas una intensa gratitud que nunca expresaste. Dedica diez minutos a escribirle una carta de gratitud a esa persona; luego acércate a otro del grupo y leeros la carta el uno al otro. El paso final es hacerle una visita al destinatario en el futuro cercano y leerle la carta en voz alta.
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Lo que más me atemoriza (además de separarme de la gente que quiero) es el no haber vivido bien la vida o no haber vivido lo suficiente. Si esto está pasándote lo que no hay que hacer es obsesionarse con el arrepentimiento por el pasado si no mirar al futuro (por corto que sea) y pensar qué puedes hacer en tu vida para vivirla de verdad a partir de ahora.
Es decir, hay que aprovechar el enfrentamiento con la muerte para aprender a vivir: “La manera de valorar la vida, la manera de sentir compasión por los demás, la manera de amar cualquier cosa con más profundidad es ser consciente de que estas experiencias están destinadas a perecer”
Como decía Nietzsche: “Conviértete en quien eres. Consuma tu vida. Muere en el momento justo. Cumple contigo mismo, realza tu potencial, vive audaz y plenamente. Entonces, y sólo entonces, muere sin lamentarlo”.
Nunca es demasiado tarde. Nunca eres demasiado viejo.
Esto es todo por ahora. En esto he estado trabajando y seguiré haciéndolo. Es un proceso difícil y noto que enfrentar todo esto, pensar en ello, escribir, hablar sobre ello, me produce tensión y llevo unos días bastante nerviosa. Pero, por otro lado, gracias a estas ideas siento que, por primera vez, tengo algo a lo que aferrarme, algo en lo que centrarme para poder convivir con el miedo que sé que nunca desaparecerá del todo.
Si me dedico a vivir seguir viviendo como quiero vivir, sin miedos, sin arrepentimientos, tomando decisiones valientes y tratando de dejar una huella positiva en los que me rodean, moriré sin lamentarlo.
Sé que ha sido una entrada un poco negra pero me ha ayudado mucho ordenar mis ideas y, lo dicho, si por casualidad alguien que comparta mi problema pasa por aquí y le sirve de algo, seré muy muy feliz.
Mientras tanto ...
No dejaremos de explorar.
Y el fin de nuestra exploración
Será el de llegar al sitio desde donde partimos
Y conocer el lugar por primera vez.
T.S.Elliot.
Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia
por lo que la muerte nos hace pensar de la vida.