Ahí estás... llorando
y nadie lo percibe
pues las lágrimas no escapan
de unos ojos vagabundos
que las transportan al corazón.
La soledad acompaña la amargura
la tristeza irrazonable
nacida en la penumbra
sin una razón o un por qué
con una espada que quiebra todo el ser.
Llora ese manantial llamado alma
creyéndose víctima del tiempo
enemiga del querer y viuda de la ilusión.
Desvanecidos los escasos sueños
que escaparon a una ingrata culpa
refugiados de tu escudo protector
quedan hoy lejanos a la razón
quien justo ahora cierra el paso a la cordura.
Y... ahí sigues... llorando
sufriendo en tu alegre sonrisa
tragando el dolor oculto
negando el secreto de tus días
pero... nadie te ve.

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